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¿Por qué hemos dividido en dos nuestras hojas?

Porque son mucho más fáciles de usar y se adaptan al uso real que tú vas a darle. Así no desperdiciarás papel y consumirás sólo lo que necesites de verdad.

Media hoja: A veces es suficiente con un poco de papel. Sirve para pequeñas manchas:
  •   La huella de una taza de café o una lata de refresco.
  •   Recoger las migas de una tarta o unas galletas.
  •   Secar unas tijeras o limpiar algo pequeño y delicado.
Una hoja entera (o dos medias hojas): A este formato ya estamos acostumbrados, con él podemos:
  •   Secar un plato.
  •   Limpiar el aceite mientras estamos cocinando un wok o la    vitrocerámica.
  •   Secarse las manos.
  •   Usarlo para cubrir y envolver alimentos.
Una hoja y media (o tres medias hojas): Esta medida es perfecta para grandes superficies:
  •   Bandejas, encimeras, espejos, cristales...
  •   Y, por supuesto, también para grandes manchas. Ante un derrame de líquidos o fluidos.
Colhogar será el aliado ideal